
Ella busca chico, superado ya el ecuador de la veintena,
yo soy tan inmaduro...según ella no sé tratar a una chica.
Ella cree que él saciará su seriedad y le dará precio al matrimonio y a dos preciosos hijos. Y sin cumplir los veinticinco serás dueña de tu casa y de tu soledad.
Yo sin embargo, soltero, he llegado a la treintena y acumulo sus fotos en un pequeño álbum. No soy dueño de nada ni de nadie, ni nunca querré serlo, ni siquiera de mí.
Un día suena el teléfono: es ella. Llama porque quiere salir de esa seriedad por la que me dejó, quiere volver a divertirse conmigo y ser feliz.
"Lo siento princesa, pero éste bufón ya no tiene mas sonrisas para tí"
Ella cuelga y oye voces al fondo del pasillo, los niños se han despertado. Más vale que acudas a su llamada, ellos no tienen la culpa de que tu no sepas aceptar una sonrisa a tiempo.

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